En esta sociedad 4.0, o quizás ya 5.0, hedonista, que busca el placer inmediato y efímero, que, como algunos pensadores como Victoria Camps pronosticaron, ni es mejor, ni más justa tras el período más duro del Covid 19, existen personas que son invisibles.
Realmente esta condición, no responde a una realidad física. Ellos existen y no se puede ver a su través, sino que se les otorga esta cualidad por el resto de la sociedad. Se trata de aquellos a los que, o bien no queremos ver, o bien hemos conseguido que nuestros sentidos no transmitan la información a nuestros cerebros.

Pueden ser personas que por circunstancias del azar, o por malas decisiones, o por propia voluntad, viven en los espacios públicos: calles, parques, jardines, puentes, etc.

Otros, sin embargo, son personas que no necesariamente viven en las calles. Tienen vivienda y, incluso, ingresos más o menos «dignos». Pero su característica es, normalmente, estar en el umbral de la pobreza, lo que les hace compartir la condición anterior.

Federación Española de Bancos de Alimentos.
Se trata de los ancianos, a los que, en general, atienden sus familias; pero que esta sociedad que encumbra la juventud y la lozanía, los arrincona, les invalida y les ignora.

Son las personas con una enfermedad mental o una discapacidad psíquica.

Son las personas que pertenecen a etnias que tradicionalmente se han considerado propensas a la vaguería, a la quincallería o pequeños hurtos. También a inmigrantes o «personas humildes».

Son las personas pertenecientes al colectivo Trans, que se son observadas un poco como «mutantes», y que se les sigue, en especial en los medios y en el cotilleo, con una mezcla de curiosidad y rechazo.

Todos estos grupos tienen en común que esta nueva sociedad los considera perdedores, o peligrosos, o improductivos, o feos, o extraños, por lo que considera que no pueden figurar en la versión feliz y de likes en la que vivimos, y mucho menos en la proximidad de nuestro lugares emblemáticos de lujo y escaparates.


Pero también en realidad, lo que oculta estas reacciones es el miedo al distinto; al que no tiene nuestras costumbres, o actitudes o formas de relacionarse con las otras personas; a lo nuevo, a lo que estaba oculto o al recién llegado; al saber que en cualquier momento nos podemos convertir en uno de ellos, y a la seguridad de que ningún Botox, liftin, tratamiento milagroso o régimen, salvo que la muerte lo impida, que el paso del tiempo, inexorablemente nos convertirá en uno de ellos.

